3
“El mundo se definirá en tres palabras: Amor, paz y armonía, cuando el mal deje de existir, cuando los malos mueran en la batalla contra la bondad, cuando el dinero deje de influenciar en las mentes de los asesinos, porque todos matan solo por dinero. Cuando sepan que todos somos iguales, porque las diferencias, en este mundo, no dan expectativas de vida… solo muerte”
Mira inexpresiva la ventana. Una paloma vuela sobre las calles y vuelve a remontar vuelo. Le recuerda a la libertad.
Por un momento la envidia y la mira con ojos rojos llenos de furia. Luego la ignora y vuelve a su dibujo. No es como todas sus pinturas. Desde que su madre quemó su educación y la abofeteó por su pensamiento.
“¡Basta!” –grita alguien en su mente y deja el pincel inmóvil. Levanta la cabeza esperando alguna ayuda o respuesta, pero en su mente solo se escucha un silencio. Vuelve a su arte, su nuevo arte. El que tiene solo manchas sin sentido, aunque muchos dirían “Oh, que hermosa pintura”.
Levanta el dibujo y lo contempla, como si fuera a cambiar. Son solo nubes, grises, y una calle en plena lluvia. Los faroles se hayan apagados. La oscuridad inunda el dibujo.
Esa palabra es perfecta para describir la obra: Oscura, horriblemente oscura.
Un clic se escucha en su cabeza y la ira la inunda. ¿Ira? Eso era una descripción diminuta comparada con lo que sentía.
Quería que las diferencias no existieran, quería que su madre no deba revisarle cada dibujo que ella pintaba. Ya no la dejaba dibujar nada que viera algo pacifista o de igualdad. No la dejaba expresarse como quería.
Un humo negro aparece dentro suyo, cómo miles de huracanes aplastando una ciudad entera. Potentemente furiosa. Eso se acercaba a su estado.
Tomo entre sus manos el dibujo y lo llevo a su madre.
Ella se encuentra sentada opuesta al fuego, ignorándola por completo. La mujer quería que su hija no fuera una artista. Por eso cada vez que dibujaba sin permiso, tomaba los dibujos y los quemaba en el fuego. Julie le temía al fuego. Porque aquel elemento podía lastimarla, podía eliminar todo su esfuerzo en segundos. Se queda mirando con ojos temerosos a aquella luz que hacía cenizas sus dibujos y su expresión. Todo terminaba en el fuego, ¿Por qué seguía construyendo su casa de madera, si luego se iba a convertir en leña?
La señora Williams la ve y parece enojarse. La presencia de su hija la incomoda. Alguien tan diferente para ella es algún ser malvado. Pero ella no sabe que lo malo se haya más arriba, en la jerarquía más alta. Donde los adinerados matan por placer. Su madre quería llegar a esa jerarquía, tener mucho dinero, ser famoso. Una persona engreída y adicta al poder.
Toma los dibujos con brusquedad, y los tira al fuego, sin verlos.
- Ya no debes dibujar más. Es malo para nuestra familia. - dice ella volviendo a leer el libro.
- ¿Por qué? –susurra con debilidad. ¿Familia? Era ella la que dibujaba. ¿En que podían perjudicar unos dibujos?
- Julie, quiero que vallas a la universidad. No que te conviertas en una rebelde chica, sin dinero. Pobre – enfatiza la última palabra. Para ella ser pobre significaba tener poco dinero. Para Jules era no saber nada sobre historia, sobre pintura, sobre literatura. No saber nada. - Vas a ser lo que yo quiero que seas – sigue hablando la mujer, pero Julie no la escucha. Luego la toma de la mano con fuerza y la lleva a su habitación. Toma sus pinturas, sus pinceles, sus libros, sus viejos dibujos, todo lo que ella ama, y lo arrastra hasta la boca del infierno. El fuego vuelve a quemar sus sabidurías. Ya no queda mucho de su libertad.
Ella grita. Pierde las riendas de su control. Empieza a golpear el piso. “Libertad… ¿Dónde esta mi libertad? Mi libre expresión... ¿adonde se ha ido?”
Su madre la abofetea de nuevo, haciéndola volver a la realidad. Cae al piso. Empieza a llorar, por la impotencia de no poder hacer nada. Así que decide lo que causaría un nuevo cauce en el nuevo río de su vida: Irse de casa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario